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Escrito por Pepe Eliaschev - http://blogs.perfil.com/eliaschev
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El diluvio que cayó sobre la ciudad de Buenos Aires la noche del lunes 15 de febrero vuelve a reiterar la acuciante actualidad de situaciones y conductas sobre las que me he venido ocupando insistentemente y quiero reflotar, subrayar e intervenir y participar como ciudadano. Pues efectivamente, 100 milímetros de agua en una hora son muchos, y en ese sentido tiene razón el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuando dice que no se puede juzgar de manera demasiado dura lo que sucede en una ciudad cuando una situación fuera de control acontece.
Desde luego que en el mundo hay permanentemente catástrofes de una dimensión absolutamente incomparable –la más cercana, el terremoto de Haití-, tsunamis e incendios devastadores, al lado de los cuales los 100 milímetros de agua de la noche del lunes, no son nada. Pero me interesa, en todo caso, tomarme de este episodio –habida cuenta de que, es cierto, hubo un fenómeno imprevisto que por varias horas dejó a la ciudad colapsada- para reflexionar sobre la actitud y conducta cotidiana de nosotros, mujeres y hombres que vivimos en la ciudad de Buenos Aires, ya sea porque nacimos aquí, como es mi caso, o porque han elegido esta ciudad, que es lo mismo. Varias de las situaciones que quiero puntualizar las podría resumir en una suerte de decálogo de lo que llamaré las actividades antisociales de los porteños. CONTINÚA EN EL POST ORIGINAL
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