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"Ajuste" es la palabra del momento: ocupa los principales titulares de Clarín y La Nación, encabeza todos los discursos de la izquierda y de algunas fracciones del sindicalismo como la CTA de Micheli. No es un dato menor que la oposición "tradicional" (el radicalismo y los residuos del peronismo disidente) se hayan llamado a silencio sobre el punto: además del papelón electoral, hablar de "ajuste" para ellos es un tema incómodo, porque tienen demasiados esqueletos en ese placard.
Para la izquierda, en cambio, el asunto es diferente, porque son históricamente inmunes a los resultados electorales (al punto de haber festejado como un logro el 2,48 % de Altamira), y la oportunidad es harto propicia para reflotar la eterna cantinela y anunciar -por enésima vez- la inminencia del estallido social. Sumen a eso errores no forzados del gobierno como la ley antiterrorista, y tienen para todo un año de editoriales en Prensa Obrera. Lo curioso del caso (o no tanto) es que a los medios hegemónicos y ciertos grupos de intelectuales o autodenominados tales (alguna vez alguien deberá decir donde está la Facultad en la que se otorga el título), la cuestión del "ajuste" les viene también como anillo al dedo para machacar sobre el remanido tema de la impostura kirchnerista: se acabó la fiesta -tal el slogan al uso- y ahora nos la harán pagar, y si es necesario, se caerán las máscaras y habrá represión. Fraseología de Sociales al margen, más o menos lo mismo que dice la izquierda; a la que sin embargo habrá que reconocerle la virtud de la coherencia: siempre dicen lo mismo, sin importar circunstancias de tiempo y lugar, y todos los gobiernos y todas las políticas son lo mismo para ellos: son también inmunes a las complejidades de lo real. CONTINÚA EN EL POST ORIGINAL
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ekyluz
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