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La constante ofensiva del Gobierno sobre los medios de comunicación y los periodistas críticos parece la más brutal y exitosa de toda la historia reciente de la Argentina. Aun en el medio del impacto por el cáncer de tiroides que le acaban de confirmar a la Presidenta y del que seguramente se recuperará en pocos meses, vale la pena analizarlo con detenimiento. Ni Juan Perón pudo hacerlo mejor. La administración de Cristina Fernández de Kirchner ha logrado colocar a la defensiva a casi toda la prensa, con la excepción de los medios y colegas que trabajan para su proyecto (que cada vez son más y se llevan más dinero del Estado).
La coartada fue casi perfecta: mostrar al Grupo Clarín como un gigante poderoso capaz de voltear gobiernos y presentar batalla en nombre de los más débiles. Puesta en esos términos, la "guerra" generó la adhesión no sólo de los kirchneristas más radicales, sino de buena parte de la sociedad. Pero el Gobierno, mientras tanto, puso al resto de los medios y a toda la oposición detrás de la gran coartada. Y los terminó neutralizando y desnaturalizando. Hoy, los periodistas profesionales deberíamos estar hablando y escribiendo sobre el nuevo departamento de nueve millones de pesos que, según el diario Libre, se compró en Puerto Madero la empresa Los Sauces, cuya mayoría es propiedad de la jefa del Estado. O preguntando si corresponde que la Presidenta contrate a una kinesióloga para Ella y su familia con el dinero del Estado nacional. (¿Qué habrían escrito los periodistas e intelectuales que hoy apoyan a Cristina Fernández si esa compra y esa contratación la hubieran decidido los ex presidentes Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Eduardo Duhalde?) Ahora mismo, quienes tenemos la responsabilidad de informar deberíamos estar investigando por qué se cierran, una a una, las causas vinculadas a la corrupción oficial, como Skanska. O cómo se reasigna el presupuesto sin el más mínimo control. O por qué se siguen manipulando las estadísticas oficiales sin que ninguno de los otros poderes del Estado reaccione. O por qué se duermen los expedientes con denuncias de la Auditoría General de la Nación. O por qué no se encuentran los culpables de los asesinatos políticos de Formosa y de Jujuy. O cómo se discrimina, a favor de Hebe de Bonafini, la investigación sobre la Fundación Madres de Plaza de Mayo y Sueños Compartidos. O el detalle del gasto millonario de Aerolíneas Argentinas. CONTINÚA EN EL POST ORIGINAL
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