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El invento del Estado Benefactor y cómo intentar convencer a la gente de que viva de una ilusión. Supongamos que Juan produce 10 manzanas, Pedro 8 y José ninguna porque le gusta contemplar el techo. En total, la economía produce 18 manzanas. Aparece entonces el Estado Benefactor y decide que Juan y Pedro son unos capitalistas salvajes porque están teniendo “muchas” utilidades y que es función del gobierno aplicar una justa distribución del ingreso.
Por lo tanto, a través de la cadena nacional, el gobernante de turno decide anunciar su nueva política de justa distribución del ingreso que consiste en dividir el total de las manzanas en partes iguales entre Juan, Pedro y José, porque finalmente no puede violarse el derecho humano de José a seguir contemplando el techo y mucho menos tolerar la desmedida ambición de ganancias que tienen Juan y Pedro. Finalmente, ¿para qué está el Estado si no es para limitar la angurria del capitalismo salvaje y regular el mercado al cual no puede dejarse librado a su libre accionar porque siempre funciona en contra de los pobres? Son ellos, los dirigentes políticos quienes, gracias a un don natural, consiguieron tener el monopolio de la benevolencia para contrarrestar las desaforadas ambiciones de utilidades de los eternos especuladores y remarcadores de precios. Se crea así la Administración de Fondos y Activos Nacionales Excedentes, conocida con las siglas de AFANE, cuya función es controlar que se lleve a la práctica la justa distribución del ingreso. Para ello, nombran al frente de la misma a Claudio Horacio Omar Ricardo Ramírez Ojeda, a quienes todos cariñosamente llaman CHORRO por las letras de cada uno de su largo nombre y apellido.
De manera que el simpático CHORRO, que dirige la oficina de AFANE, le informa a Juan y a Pedro que, de ahora en más, en nombre de la equidad y el modelo productivo con inclusión social, va a confiscarles todo ingreso excedente del promedio que le corresponde a cada uno. Es decir, dado que la economía produce 18 manzanas, la justicia distributiva establecida por AFANE indica que a cada uno le corresponde 6 manzanas.
A partir de ese momento ni Juan ni Pedro tienen estímulos para producir más de 6 manzanas cada uno, de manera que de ahora en más la riqueza total a distribuir queda limitada a 12 manzanas, distribuidas entre 3, por lo tanto quedan 4 manzanas para cada uno.
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